Archive for the 'Mexico' Category

Bolaño Ever Bigger

“2666″ is as consummate a performance as any 900-page novel dare hope to be: Bolaño won the race to the finish line in writing what he plainly intended, in his self-interrogating way, as a master statement. Indeed, he produced not only a supreme capstone to his own vaulting ambition, but a landmark in what’s possible for the novel as a form in our increasingly, and terrifyingly, post-national world. “The Savage Detectives” looks positively hermetic beside it.

From a rave review of 2666, here.  I wonder how an 1100 page novel in Spanish gets to have 900 pages when it’s translated into English. It seems like rather a lot to lose.

Clara

A translation by Chris Andrews of Roberto Bolaño’s short story “Clara” appears here. The original version is in Llamadas Telefónicas Tx. LVH

Una Secuencia

El fútbol exige una mente tan rápida y certera que debe confundirse con los reflejos, aunque no es idéntico a ellos, pues presupone una secuencia, un siguiente acto, todavía futuro, donde el lance tendrá mayor sentido. Rodeado por tres marcadores, Romario descubre en un parpadeo la mejor evacuación. Estamos ante uno de los pocos delanteros capaz de hacer una finta con el hombro, sortear rivales con equilibrio de funámbulo, soportar marcas con nervios de corresponsal de guerra y hallar un hueco imposible que él volverá congruente.

Dios Es Redondo Juan Villoro. Planeta, 2006. p. 54

La Serpentina

No acabo de saber por qué se le ocurriría a la Serpentina pasar el río este, cuando sabía que no era el mismo río que ella conocía de a diario. La Serpentina nunca fue tan atarantada. Lo más seguro es que ha de haber venido dormida para dejarse matar así nomás por nomás. A mí muchas veces me tocó despertarla cuando le abría la puerta del corral, porque sino, de su cuenta, allí se hubiera estado el día entero con los ojos cerrados, bien quieta y suspirando, como se oye suspirar a las vacas cuando duermen.

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Del cuento “Es que somos muy pobres” en El Llano En Llamas de Juan Rulfo, p.25

Un Salvaje Que Tenía Razón

No dejaba de recordar que había arruinado unas vacaciones en Pisa por golpear a dos empleados que le entorpecían un trámite. Sólo Italia producía esos centuriones altivos, peinados durante media hora ante el espejo, que retrasaban o impedían un tramite con deliberada provocación, calando el otro en su paciencia, sus posibilidades de seducción o de soborno, una estrategia de sádica sofisticación que hacía que le hirviera la sangre y recordara, con fiero narcisismo, el sitio mucho peor del que venia. Entonces los muslos le temblaban, sus sienes percutían y todo se transformaba en asunto de puñetazos y patadas, donde se lastimaba contra un mueble, hacía el ridículo, quedaba como un salvaje en el país de Paola. Un salvaje que tenía razón, pero un salvaje.

El Testigo    Juan Villoro, p. 245

 

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